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DIENTES SANOS "desde la infancia"

Fuente: http://www.hola.com/

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Es muy importante crear desde la infancia buenos hábitos de higiene bucal. Hay que acostumbrar a los niños a cepillarse los dientes desde pequeños".

Nacemos sin ellos, pero de los seis a los ocho meses comienzan a brotar en las encías del niño los dientes infantiles, también llamados "dientes de leche". Este proceso ya no se detiene y, hasta los 21 años de edad, la dentadura se renueva hasta completar las 32 piezas. Durante este período debemos intentar vigilar la evolución de la dentadura de nuestros hijos, creando en ellos buenos hábitos de higiene bucal, evitando vicios y enfermedades y tratando las alteraciones que se presenten.
Buenos hábitos. Una buena higiene dental se basa sobre todo en el cepillado frecuente, y siempre después de las comidas. Pero además existen otras prácticas muy beneficiosas, como el hilo dental o los enjuagues y gargarismos. A medida que vayan siendo mayorcitos, a los niños se les debe acostumbrar a seguir las siguientes normas:
-Cepillarse los dientes de arriba abajo, al menos durante dos minutos, tras cada comida.
-Usar productos dentales que tengan flúor.
-No tomar alimentos ricos en azúcares fuera de las comidas.
-Acudir a la consulta del odontólogo al menos una vez al año.

La aparición de los primeros dientes. La erupción de los dientes en el niño es un proceso de gran trascendencia, pues diferencia dos épocas muy importantes: la lactancia, en la cual sólo se alimenta de leche, alimento líquido para el que sólo necesita el reflejo de succión, y la época de la masticación de alimentos sólidos, para lo que necesita las diferentes piezas dentarias que van apareciendo en sus maxilares a lo largo de meses.

El momento y la secuencia de la aparición de los nuevos dientes es una característica de maduración, y aunque existe un calendario (incisivos inferiores centrales a los siete meses, incisivos superiores a los ocho meses, laterales a los 10, premolares a los 14, caninos a los 18, molares a los 24 meses), no es igual en todos los niños, y la velocidad y el ritmo de erupción en niños con buena salud vienen condicionados por la herencia.

¿Provocan fiebre? En contra de la creencia general, debemos recordar que la aparición de los dientes nunca es causa de enfermedad. Los dientes no provocan fiebre, ni tos, ni diarrea. Lo que originan son molestias y desasosiego. Eso sí, causa en los niños gran ansiedad para morder todo lo que llega a sus manos. Esto, junto con excesivo babeo, puede ser el origen de contaminación bacteriana de la cavidad oral o del aparato digestivo, con la subsiguiente aparición de enfermedad infecciosa aguda. Es decir, es una época más proclive a los problemas infecciosos en el niño, pero no por los dientes en sí, sino porque la situación aumenta los factores de riesgo y la posibilidad de que las infecciones se produzcan.

 

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