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Trastornos Alimenticios
Por: Alejandra Rodríguez Afectan al
23% de los estudiantes. La clasificación clásica de los
trastornos de la conducta alimentaria se ha quedado
obsoleta. Los especialistas atienden cada vez más casos
subclínicos, alteraciones mixtas o síndromes parciales. Se
estima que un 5,56% de la población, especialmente mujeres
adolescentes, sufre un problema de esta clase.
La obsesión por la belleza, el cuerpo perfecto, la juventud
eterna, la delgadez extrema y la asociación de estas
características con el éxito social, personal y profesional
está provocando una auténtica debacle entre los jóvenes de
nuestro país, que cada vez resultan más vulnerables a
desarrollar un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA).
Éstos se han multiplicado de manera exponencial en el último
lustro y se han diversificado de tal manera que los
especialistas se están encontrando con una gran cantidad de
problemas que no responden a los patrones clásicos de
anorexia y bulimia.
Estas nuevas alteraciones presentan síntomas más difusos y
ya no deterioran el aspecto físico de los pacientes de
manera rápida y visible. Por el contrario, evolucionan
durante años de manera mucho más silenciosa, lo que
dificulta enormemente su diagnóstico y tratamiento.
Las terapias, de tipo cognitivo-conductual, han de abordar
aspectos físicos, psicológicos, sociales, familiares y
afectivos y ser impartidas por un equipo multidisciplinar
con formación específica en TCA. Actualmente, muy pocas
comunidades autónomas ofrecen esta prestación que, sin
embargo, resulta imprescindible para dejar atrás una
enfermedad que suele comenzar como un juego y que acaba
controlando la vida entera de las pacientes.
Un trabajo publicado hace dos semanas en 'Medicina'
'Clínica' apunta que casi el 23% de los estudiantes
españoles de entre 12 y 18 años presenta una relación
anómala con la comida. Asimismo, casi el 10% sufre un
Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) en toda regla. A
pesar de lo inquietantes que resultan estas cifras, en las
aulas de nuestro país han dejado de verse adolescentes
cadavéricas devoradas por la anorexia o chicas que llevan a
cabo evidentes incursiones en el baño para vomitar toda la
comida que han ingerido.
LOS NUEVOS ENEMIGOS
Ortorexia. Obsesión por comer sano y fijación por no
envenenarse con los alimentos. La dieta libre de
conservantes, colorantes y aditivos condiciona la vida del
paciente, que renuncia a acudir a eventos y reuniones e,
incluso, se enfrenta a los demás por este motivo.
Vigorexia. Percepción distorsionada de la imagen corporal.
Nunca se es suficientemente grande y musculoso. Afecta más a
los varones. Se restringen las grasas y se come un exceso de
hidratos de carbono y proteínas. Se ingieren esteroides y
otros dopantes. Causa problemas hepáticos, renales,
cardiacos y metabólicos.
Diabulimia. Combinación de diabetes y bulimia. Se limitan
los carbohidratos y se reduce la insulina para no engordar.
Puede causar la muerte, incluso al inicio de la patología.
Sadorexia. Se intenta adelgazar provocándose dolor físico y
autolesiones que también se usan como castigos cuando se
come de más.
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