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Consejos Prácticos

Por: Doctora Judith Esquivel Arevalo

Las emociones influyen directamente sobre nuestros alimentos; nosotros todos somos energía, por nuestras manos sale energía, positiva o negativa y depende de cómo nosotros estemos los alimentos no son una excepción. Si nuestra energía es negativa, si nosotros hemos llorado, si hemos tenido ira o hemos tenido momentos congestionantes (nervios, sustos fuertes) considero que no debemos manipular ningún alimento.
Nuestras manos constantemente están suministrando cantidad de energía y esa combinación de alimentos con esa energía puede entrar a hacer mucho daño a la persona o cuando es positiva hace mucho bien.
Igualmente es fundamental cuando nosotros vayamos a preparar un alimento, primero tengamos como ingrediente el amor, segundo que nosotros psicológicamente estemos en condición de hacerlo, que físicamente también estemos en condición de poder preparar perfectamente ese alimento. Es fundamental que cuando entremos a la cocina primero que todo nuestro cuerpo debe estar muy limpio, no levantarse con pijama y entrar a la cocina, debe hacerlo por caridad, consideración y respeto a los demás, tiene que levantarse, lavarse las manos unas 20 o 30 veces, usar las uñas cortas o si las tiene un poco largas que sean bien aseadas, la boca bien lavada, la cara igualmente esto es lo mínimo que uno debe hacer, porque uno va a probar algún alimento con una boca que no se ha lavado esto es falta de respeto hacia los demás, y que se sienta con deseo de preparar el alimento que le nazca, no con rabia, ni maldiciendo, es preferible si nos levantamos así con resentimiento mejor darle frutas a la otra persona y decirle: “Prepárese esto y cómaselo”, pero no le hagamos daño. No olvidemos nosotros que la verdadera luz de la vitalidad es siempre interior, y como estemos nosotros adentro y de acuerdo a lo que nosotros demos, eso van a recibir los demás, porque nosotros manipulamos el alimento y allí le proporcionamos lo que internamente tenemos y ese también es un alimento, el uno es físico y el otro es psíquico.
La vida, la salud y la longevidad van más allá de lo que nosotros podemos ver. Somos fiel reflejo de lo que comemos, de lo que respiramos, de lo que recibimos y de lo que actuamos. La calidad de vida interior siempre brilla en el cuerpo y aviva el fuego de la juventud.